El flequillo ya me cubre los ojos, realmente nunca me molestó, pero ya no puedo evitar, ni con su ausencia, seguir recordando aquel rito: el chorreón de colonia Nenuco, la orquilla clavándose en la cabeza y para aliviar el dolor, la bolilla de anís.
Quizás, a cualquiera que no la conociera, - que no me conozca-, este recuerdo le resulte tonto, sin importancia. Es cierto que siempre guardamos en nuestra memoria los momentos más señalados, pero para mí cualquier sonrisa suya, todas sus miradas eran, y siguen siendo, recuerdos tan valiosos como el que más. Así, que ahora, todo el que me lea podrá entender como, siempre que me recojo detrás de la oreja, pienso en ella, en mi abuela, en todo lo hermoso que me enseñó.
En Abril, hace ya tres años que nos dejó, pero creo que ninguno de los que la quisimos la olvidamos, es imposible. Justo anoche volví a soñar con ella y ... Oh! Es tan triste despertar y darte cuenta de que no está, que seguí justo donde lo dejé. Continuo con mi vida y ella ya no está.
A veces pienso en el dolor que me ha quedado, yo que no soy más que una de sus muchos nietos; yo, que en sus últimos días compartí tan poco tiempo con ella; yo, gran cobarde, que evitaba muchas veces verla porque me provocaba un sufrimiento horrible verla tan frágil, tan pequeña, tan perdida... Pienso en mi dolor, y justo después pienso en el dolor de mi madre que perdió a la suya... Supongo que su dolor es mucho más profundo, no he sido capaz de preguntarle porque sólo pensarlo, no puedo evitar llorar; vuelvo de nuevo a su recuerdo, a su ausencia, al silencio absoluto que quedó cuando se fue, que queda siempre que terminamos por recordarla.
No sé... Hoy, después de tenerte a mi lado en mis sueños, me he visto en la necesidad de dejar en algún sitio escrito que te quiero, que te echo de menos y que siempre recordaré con un cariño infinito cada momento que me dedicaste, cada orquilla y, sobre todo, cada bola de anís que ahora sólo me saben a ti...