Insisto: necesito silencio. Quiero dejar fluir las palabras que llevan largo tiempo dormidas. Tengo una necesidad imperiosa de dejar escapar todo lo que tengo aquí, en el fondo de mi alma, guardado largo tiempo.
Palabras, silencios, olvidar que te quiero, amarte sin límites, vivir cada momento... No, no quiero eso porque me provoca dolor. Quisiera aprender a ser capaz de dar la importancia justa a cada momento, a cada cosa, pero no sé.
Silencio. Escucho palabras que no entiendo. Oigo mil voces en mi mente. Me hablan, insisten en que respondan, pero no sé a quién debo hablar primero. Me pierdo en la inmensidad de mi propia locura. A veces siento miedo...
Hoy ha sido de esos días en los que debería haberme quedado en la cama metida, tapada hasta los ojos con ese inservible escudo en el que se convierte mi manta. Hoy es de esos días en los que no me importa nada, en los que pienso que debería haber abandonado todo hace tiempo y, sin embargo sigo aquí, luchando a contra corriente, corriendo sin rumbo fijo, intentando alcanzar una meta que ya no sé si es la mía...
Necesito silencio, necesito pensar. Quiero verme por dentro y descubrir la belleza de la calma. Saber a dónde voy, hacia donde me dirigen mis pasos.
Quizá es sólo este día en el que el sol brillaba, pero seguía haciendo frío; en el que no he estado sóla en ningún momento y, sin embargo, nadie me miró a los ojos; uno de esos en los que sólo queda la calma de la noche y la esperanza de que el mañana traerá nuevos retos... Quién sabe.
Mañana. Seguiré acumulando palabras que decirte, sentimientos que compartir, silencios por llenar de risas -o de penas-, un todo por vivir.