Tu soledad es mi condena.
Categoría: Cats

Te quedas dormido en mi regazo. Tu cara, aplastada contra mi pecho, hace destacar tus mejillas. Sé que me miras aunque estás dormido. Ronroneas suave, es casi un suspiro.
Me gusta el calor que me das, supongo que tú también recibes y agradeces el mío.
Te has quedado dormido con las patitas cruzadas. Me gusta acariciarte mientras duermes; abres las manos estirando cada uno de tus dedos igual que un niño que duerme plácidamente.
Apoyas tu pata sobre mi mano. Te acaricio la carita y me mallas suave y corto, te digo que te quiero y me respondes, suave y corto; a veces creo que me entiendes.
Me gusta susurrante. Me gustan tus ojos atentos a cada una de las palabras de cariño que te dedico.
Duerme pequeño, yo velaré tu sueño.

- Míralo, está ahí sentado sobre el baúl, mirando por la ventana. Hacía ya rato que no lo oía, pensé que se habría ido... Me da la sensación de que mirara al exterior con anhelo, deseando una vida que nunca ha tenido, esperando una libertad como la de los pájaros, que le permita viajar libremente por el mundo, observando las maravillas de la luz, del color, de los olores...
- Piénsalo bien. Él es feliz aquí, ¿por qué iba a querer marcharse?
- No lo sé, quizás por la misma razón por la que yo, a veces, también deseo esa libertad.
- Pero, ¿qué dices? Tú eres libre, eres feliz.
- Sí, él está bien aquí. Tiene comida y cama, está bien cuidado.
- Y lo que es más importante, tiene el calor y el cariño de una familia que lo quiere con locura, que le da tanto amor como a un hijo...
- Ya, pero igual prefiere salir ahí fuera, ver el mundo, descubrir otro tipo de felicidad...
- Si lo encuentra.
- ¿Y si no? ¿sabría volver?
En estos momentos suenan las campanas de la catedral, avisan de almas errantes que vagan sin rumbo buscando algún aliento, tonos calientes a los que arrimar su desidia, en los que ocultar su tristeza.
Con la última campanada, las calles se quedan desnudas y aparecen las sombras.
Algunos aún se atreven a continuar la jornada, pero miran desconfiados a su alrededor, ya nadie mira a los ojos, nadie quiere descubrir que existimos, que seguimos aquí a pesar de la noche.
Almas frías, marchitas, vivientes, ocultas, que respiran el frío y alimentan la esperanza de volver a ver la luz.
El silencio es infinito.
Los seres nocturnos velarán esta noche mis sueños. Aún sigo al lado de la ventana, esperándote. Quién sabe si serán segundos, minutos... Cuánto tardaré en ser uno de ellos.
He despertado sobre cuatro patas, he estirado mi lomo y sentido el extremo de cada uno de los pelos que cubren mi cuerpo. ¡Qué extraño! De pronto soy un gato, un gato negro, hermoso, fuerte, imponente; mis ojos brillan con la luz de la luna, luna llena que enloquece los sentidos. Creo que saldré a buscarte.
Amanece.
Desperezo cada miembro de mi cuerpo, siento un calor extraño. Me acerco al espejo... mirada felina. No he cambiado, sigo siendo un ser de la noche.
Está claro, no te encontré.
